Posts Tagged “medios”

Durante la primera semana de agosto está teniendo lugar en Nueva York el undécimo encuentro anual de la comunidad de Debian, una de las principales versiones del sistema operativo libre GNU/Linux, y la madre de otra versión más conocida, “Ubuntu”. Cientos de personas defensoras del software libre venidas de todas las partes del mundo nos damos cita en la Universidad de Columbia, donde tenemos la oportunidad de conocer e intercambiar conocimientos y tendencias sobre este interesante sistema operativo que en sus 17 años de vida cuenta con más de 25.000 programas paquetizados, todos ellos a disposición de cualquier persona y de una forma gratuita.

El perfil de los asistentes es variopinto: tecnólogos, abogados, editores, artistas,… ¿qué es lo que hace confluir a un voluntario del OLPC, un trabajador de Google, un antropólogo y una directora de cine? El software, el conocimiento y la cultura libres. Porque por debajo de la capa puramente tecnológica, se encuentra la firme voluntad de colaborar en un camino común, que no es otro que el de la democratización de la tecnología y la cultura para los pueblos y personas de todo el planeta. Esta democratización no se va a conseguir mediante opciones privativas, esto es, que niegan a los usuarios la posibilidad de conocerla, de copiarla y sobre todo de adaptarla y mejorarla. Es el software libre el que ofrece un mayor potencial de mejora, porque gracias a la disposición del código fuente de los programas y a la libertad para alterarlos, hace que cualquier persona o empresa con los conocimientos y tiempo suficientes tenga en su mano la posibilidad de mejorarlo, ej. añadiéndoles funcionalidades o traduciéndolos a una lengua local, todo ello sin la dependencia a que nos tienen acostumbrados los fabricantes tradicionales que a veces se convierten en férreos monopolios de los que es muy difícil salir (ejemplo claro es Microsoft). Como derivada, existe una oportunidad de negocio para las empresas locales, de modo que el flujo de capitales salga menos de cada país.

Pero también resultan importantes el control y la transparencia de la tecnología. Hace unas semanas Apple ha informado al Congreso de EEUU de que sus dispositivos envían a sus oficinas información local, de forma encriptada y sin avisar de ello al usuario. Y no es el único caso de dispositivo y sistema operativo que pone fuera del control de quien lo pagó ciertas operaciones que podrían no ser de su agrado, ¿Y qué pensaríamos de un sistema de votación electrónica cuyo código fuente sólo esté disponible para el fabricante?

Estas cuestiones cobran especial relevancia cuando se habla de la esfera de lo público. Si cada entidad de la Administración invierte en colaborar con otras Administraciones en materia de software libre, el gasto conjunto será mucho menor, y se estarán promoviendo condiciones adecuadas para llegar a productos de más calidad que actuando cada cual por su cuenta, todo ello traccionando el tejido local de la economía del software. Para caminar hacia esta cultura, un espacio público de importancia es la educación: se ha de que acabar el tiempo en que en las escuelas enseñan que no hay vida más allá del Windows de turno, se debe educar en la colaboración y las tecnologías libres.

En Euskadi existen distintas iniciativas en torno al software libre: cronológicamente en primer lugar, surgió la comunidad hoy formada por grupos diversos, bien procedentes de la universidad o movimientos sociales. En segundo lugar está ESLE, federación de las empresas de TICs que basan su negocio en el software y las tecnologías libres. Y en tercero, de reciente creación, la Oficina de Software libre del Gobierno Vasco. Ésta última, que tiene como misión impulsar y apoyar el software libre en el gobierno local, no ha de convertirse en arma partidista ni de unos ni de otros, pues quienes creemos en el software y el conocimiento libres no deseamos supeditar estos activos sociales a la bandera de turno o de oposición. Ello sería como monopolizar hitos en la cooperación al desarrollo o la inmigración, cuestiones que son patrimonio de la humanidad, alcanzadas con el concurso de esfuerzos de todos los agentes.
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La conjugación de los intereses de autores y productores de obras que puedan circular en medios digitales (música, películas, libros, programas informáticos, etc.) por una parte, y los de usuarios de esos contenidos por otra, es una cuestión que aún no está resuelta.

Hace dos o tres décadas era una práctica común e incluso socialmente bien vista, el que una amiga grabase a otra un disco de vinilo en cinta de cassete. Hoy en día, con la tendencia a lo digital, esa práctica resulta mucho más sencilla y rápida, y cualquiera puede hacer una y otra copias “perfectas”, sin perder calidad en la duplicación, y por un coste insignificante. Además, gracias a Internet se da la facilidad para compartir no ya con un amigo sino con muchas de las personas del mundo que tenemos el privilegio de una conexión a Internet, así sea que son amigas o ni las conocemos.

Estos avances de la tecnología ponen en jaque el actual modelo de negocio de muchos autores y sobre todo productores, demasiado basado en la venta de cada copia del producto original, y se oyen voces en contra hasta en la industria del porno. Por ello, algunos de los más grandes de entre quienes sienten que sus beneficios se tambalean a causa de un cambio de época, pusieron en marcha el denominado DRM, Digital Rights Management (o Digital “Restriction” Management, para algunos). Éste consiste en el uso de distintas tecnologías dentro de los reproductores y visores (bien hardware o software) de contenidos digitales, de modo que intentan asegurar que un contenido sólo va a poder ser disfrutado por determinadas personas -se supone que las pagadoras- quizás un número limitado de veces, impidiendo la posibilidad de copia.

Pero la experiencia ha demostrado que el uso de los métodos DRM resulta bastante improductivo. Es conocido que antes o después surgen sistemas que se saltan las distintas protecciones, sea por software o bien burlando la vigilancia en internet, y en ocasiones el sistema DRM se vuelve en contra del usuario “legal”: un DRM erróneo puede restringir también el uso de aquellas obras “no problemáticas” propiedad del usuario, por no hablar de otras consecuencias como la vulnerabilidad causada por un programa DRM que Sony impulsó. Hasta Steve Jobs, presidente de Apple, reconocida firma por sus pŕacticas cerradas y privativas, ha afirmado que el DRM no favorece la venta de música en línea.

En mi opinión, creo firmemente que todo esto del DRM es querer poner vallas al campo. La Free Software Foundation, organización líder a nivel mundial en la promoción de la libertad del software, celebra hoy 4 de mayo el día internacional contra el DRM.

Compartir es bueno y el quid de la cuestión es dar con un modelo económico que posibilite disfrutar a usuarios, al tiempo que asegure unos ingresos para que los autores y editores puedan tener la solvencia económica adecuada para el ejercicio de su actividad.

En España tenemos ensayos que resultan impopulares: la ley Sinde y el canon digital, impuesto gestionado por entidades privadas que a veces emplean métodos un tanto “mafiosos”, y cuya distribución del beneficio no es claro que remunere al creador de las obras tanto como debiera. Por otra parte, es una medida que, tal y como está aplicada en cualquier dispositivo susceptible de guardar información digital (CDs, teléfonos móviles, discos duros),… legitima la copia.

En Brasil, por contra, estudian otro modelo basado en que una parte de los beneficios de las operadoras de telecomunicación vaya a parar a los creadores.

¿Hallaremos algún día la piedra filosofal que equilibre demandas de acceso libre a la cultura y sostenibilidad creativa?

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Hoy 31 de marzo es el Día del Documento libre, un día global para la “liberación de los documentos electrónicos”, es decir, para reivindicar que los mismos estén en formatos abiertos de modo que se facilite su intercambio entre los programas de ordenador y, en fin, las personas que los usan.

¿Y por qué puede resultar importante esta causa, para muchos tal vez insignificante?

En el mundo de las tecnologías de la información del día a día, tanto las de “andar por casa”, como las de nuestras empresas, o las de la Administración Pública, uno de los puntos claves es la denominada interoperabilidad, que según la wikipedia significa “la condición mediante la cual sistemas heterogéneos pueden intercambiar procesos y datos”.

La interoperabilidad en una comunicación se logra en base a la adopción de códigos y formatos inteligibles por todas las participantes de la misma, cual idioma que los distintos interlocutores comprenden y hablan.

En un escenario de monopolio de códigos y formatos telemáticos, al existir sólo un fabricante de los mismos bastaría con que los extremos de la comunicación tuvieran el producto de ese fabricante, no importando cuánto de opaco o cerrado fuera el alfabeto empleado en la comunicación. Pero esta situación, aparte de la inconveniencia de los monopolios, constituiría una interoperabilidad mal entendida: ya se ha dicho que la definición parte de que sean sistemas heterogéneos.

Por tanto, es condición necesaria que los códigos y formatos sean abiertos, además de estandarizados, a fin de que cada extremo pueda emplear no obligatoriamente un único programa que genere y entienda esos alfabetos.

Claro ejemplo del primer caso de falsa interoperabilidad lo ha protagonizado históricamente Microsoft, cuyos estándares “de facto” en lo que a documentos ofimáticos se refiere, (el .doc, .xls, y .ppt nuestro de cada día), han venido siendo cerrados, dificultando así la interoperabilidad para con otros sistemas no Microsoft.

Y claro ejemplo de estándares abiertos desde un principio lo constituye el formato OpenDocument, oficialmente aprobado por el organismo de estandarización internacional ISO, el cual facilita que todos los participantes puedan comunicarse no sólo con la suite ofimática monopolizante, sino mediante más de diez programas ofimáticos de fabricantes distintos, la mayoría licenciados como software libre y además gratuito.

Es urgente o, cuando menos importante, que la población sepa que existen programas ofimáticos libres (libres para ser adaptados, mejorados, copiados), y además gratuitos, que proporcionan características muy semejantes si no superiores a las de otros productos cerrados y privativos que usamos, productos que creemos que son los únicos y cuyo precio oficial va de los 300 € a los 650 €.

En relación a la universalización del software libre, el puesto de escritorio es una pieza clave y, en éste, el intercambio de documentos resulta ser una de las tareas más habituales junto con la navegación por internet y el uso del correo electrónico.

Por todo esto, yo también apoyo a http://www.documentfreedom.org. Compartir es bueno, y resulta más fácil con formatos abiertos y libres.

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Según leo en google, ayer y hoy está teniendo lugar en la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales de Bilbao (aka Elcano) el encuentro sectorial TICs de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE).

Bastantes noticias del buscador llevan por titular algo semejante a “La Universidad española apuesta por impulsar el software libre”.

Prefiero prescindir del único patrocinador que aparece en la portada del evento, empresa de software tan universalizado como privativo (Flash, Photoshop, Reader), y me quedo escudriñando el programa (provisional) que aparece en la web de la UPV/EHU, en busca de elementos que me permitan cotejar el citado abundante titular.

¿Será cierto que se está haciendo una apuesta, y que ese tema va a tener un peso específico de verdad?

Como obras son amores y no buenas razones, vaya por delante mi voto de confianza a que de verdad haya una apuesta seria por el software libre en la Universidad. Sí en la “española” y más en la “vasca”, por aquello del “piensa globalmente y actúa localmente”, pues en mi caso es la que me toca como profesor y como miembro de itsas, el grupo de promoción del software libre en la UPV/EHU.

En lo filosófico, estamos más que de acuerdo: siendo las funciones de la universidad la generación y la difusión de conocimiento, es la opción de tecnologías libres la que mejor encaja para tales propósitos.

En cuanto a lo práctico, creo que no hay que ser talibán con las costumbres privativas que a día de hoy son un hecho irrefutablemente mayoritario y pretender cambiarlas de la noche a la mañana. Pero también considero que hay que establecer una dirección clara que se concrete en estrategias, acciones y recursos dedicados a arar el camino hacia el software libre. ¿Y qué cosas se nos ocurren en itsas, que se podrían hacer en el ámbito universitario?

  • Potenciar el uso de estándares y formatos abiertos, ej. códecs de de audio y video, y muy especialmente el Open Document.
  • Dar al menos las mismas oportunidades a las aplicaciones libres que a las privativas, especialmente en lo referente a programas de uso universal como son la navegación, el correo electrónico, la ofimática y el sistema operativo.
  • Explicar mediante campañas específicas el significado y el por qué del software libre en la universidad, atendiendo al impacto en los distintos campos del saber: economía, magisterio, arte, periodismo, ciencia… y TICs.
  • Formar a las personas usuarias, rompiendo así creencias del tipo “no hay vida tecnológica más allá de Microsoft”.
  • Establecer la condición de liberar el código como criterio importante en las licitaciones.
  • Homologar el hardware para que sea compatible con sistemas operativos libres.
  • Difundir los pasos que se van dando en el avance hacia software libre: qué aplicaciones se van usando, en qué grupos o para qué fines, qué acuerdos se establecen con quién, etc.
  • Promover iniciativas de difusión abierta del conocimiento, como OCW.
  • Pasar del gasto de licencias (a menudo para grandes multinacionales) hacia la inversión en servicios locales, creándose además así una riqueza más horizontal.
  • Apoyar y dinamizar eventos y jornadas locales relacionados con el software libre.
  • Crear un equipo humano que consolide oficialmente todo lo anterior.

Y todo ello sin pretender capitalizar réditos políticos, sino más bien con deseos de construir con sencillez e ilusión (que no ingenuidad), juntas y juntos, otra tecnología posible.

Al menos en nuestra universidad ya se están dando pasos: Moodle sigue consolidándose, Liferay avanza, vamos haciendo cursos para el profesorado y seguro que tenemos un montón más de aplicaciones y sistemas libres de los que se va a poder hablar.

Software librea unibertsitatean? Eman ta zabal zazu !


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